¿Han comprado alguna vez una palta (aguacate) verde en el supermercado, y cuando por fin madura se encuentran con la sorpresa que esta podrida? A mi juicio, eso paso con Chile. De ser “el jaguar de Latinoamérica” en los 90s paso a ser unos de los países con más desigualdad a nivel mundial.

Al igual que la mayoría de los países que hablan español (hay un patrón ahí), Chile tuvo más de una dictadura. La última duro 17 años, y abarco desde el año 1973 hasta el año 1990 (Eso dicen…).

Muchos de los que defienden “lo bueno” de la dictadura, destacan la estabilidad económica y el exitoso modelo económico, que ha puesto a Chile como “potencia” en el contexto de Latinoamérica.

Como en toda dictadura, hubo personas desaparecidas, torturadas y asesinadas, por pensar diferente o simplemente porque estuvieron en el lugar equivocado. Las razones que dieron lugar a la dictadura son irrelevantes para lo que quiero exponer.

Al final de la dictadura, hubo un traspaso de poder y administración general a los partidos que en ese monumento se identificaban de “izquierda”, la extinguida “Concertación de partidos por la Democracia”.

Al igual que Argentina y Uruguay, Chile y los gobiernos militares iniciaron aperturas comerciales y privatizaciones a un nivel nunca visto. El primer gobierno de la transición, liderado por Aylwin, fiel al programa electoral de la Concertación, opto por mantener la estructura del modelo económico delineado por las transformaciones de la dictadura.

Las diferencias con el gobierno de facto (Según la Concertación) estarían principalmente en la política social y en los aspectos referidos a la institucionalidad laboral, haciendo del modelo algo más cercano a la gente.

Este modelo trajo un tiempo de vacas gordas, que fue reflejada en los noventa por El Mercurio con un artículo que titulaba a Chile como el “jaguar de América Latina” cimentado en el crecimiento económico en torno al 6%. Este fue el momento en que todo Chile compro la palta más grande y hermosa que se podía encontrar en el mercado, sin embargo, aún estaba verde.

Así pasaron los años, defendiendo y protegiendo el modelo económico, porque a la larga, el crecimiento traería de la mano bienestar para todos. el ansiado y esperado “chorreo”. Sin embargo, esto nunca paso. Cuando fuimos a cortar la palta, nos dimos cuenta de que esta se había podrido.

Para entender esto analicemos las cifras en PIB. El PIB de Chile al 2017 era de 15,346.45 USD. El 10% de los chilenos tenia ingresos promedio que superaban los de Noruega (PIB 75,504 USD), mientras que los ingresos del 10% más pobre eran similares a los de los habitantes de Costa de Marfil (1,662 USD), unos de los países más pobres del mundo. Y en su gran mayoría tiene, en promedio, menos ingresos que los angoleños (PIB 4,170.31 USD).

Si la clase política, en los 90s hubiese estado a la altura, hubiese aprovechado la bonanza económica para desarrollar un modelo más justo y con una mejor distribución, quizás la palta hubiese podido ser disfrutada por todos.

Lo peor de todo, es que una vez que un fruto se pudre, no hay vuelta atrás. Y así esta Chile hoy. Podrido, en descomposición y sin posibilidad de mejora.

Referencias

https://idl-bnc-idrc.dspacedirect.org/bitstream/handle/10625/10465/98023.pdf?sequence=1

https://ciperchile.cl/2011/06/06/%C2%BFen-que-pais-vivimos-los-chilenos/

http://www.parralactual.com/no-somos-jaguares/

http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2015/06/Verdaderos-Salarios-2015.pdf

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